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Nagalaycía [Blog Handmade]

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Las adolescentes de antes teníamos un libro diario dónde apuntábamos absolutamente todos nuestros secretos:  las primeras palabras de amor, los primeros besos, los primeros enfados, los amores secretos, historias de celos y envidias de verano y las primeras caladas a un amargo cigarro… Era el objeto de deseo de las madres y hermanos mayores y daba igual dónde lo escondieras porque siempre acababan encontrándolo. Estaba tan culturizado el hábito que no había primera comunión posible sin el regalo de “Tu primer diario,” que ya venían con un candado para evitar tentaciones maternas (parecía que los que fabricantes ya conocían a nuestras madres).

Libretas, libros y diarios ha habido siempre, desde que se descubrió la escritura y algunos muy famosos como el libro de notas de viaje de Cristóbal Colón, el diario de Ana Frank, el libro de Frida Kahlo, el de Picasso, Matisse, Hemingway… indispensable para los momentos de inspiración. Otros libros de bitácora han sido claves para descifrar cómo ocurrieron los hechos, como las anotaciones del capitán del Titanic o las del Capitán Scott que permitió conocer y difundir muchos detalles de la expedición al Polo Sur que de otra manera no se hubieran sabido ya que no sobrevivió nadie.

Qué nostalgia los diarios ¡ y de la buena!  Por eso, cuando en estos tiempos tan impersonales y tan vertiginosos,  te encuentras con Nagalaycía que con mimo y esmero realiza, personaliza y da vida a esos libros dándole todo el significado que realmente tiene, no puedo por menos que emocionarme, porque esos libros son una extensión de uno mismo, de su historia, más allá del final.

Nagalaycia desde su jaula recoge cada encargo como si acogiera a un hijo, al que acaricia, al que mima, al que acurruca, al que comprende. Lo atavía con las mejores telas, lo engalana con delicadas etiquetas, lo perfuma con el aroma de la distinción y le pone alas de emancipación. Y ese día, el día de la entrega,  es como la madre que despide al niño en la puerta del colegio en su primer día de clase. Llena de nervios y de emoción y sobretodo con muchos deseos, deseos que el cuaderno se llene de lo mejor… de aventura, de alegría, de amor, de  ilusión, mucha ilusión.

“Disfruto cada día al hacer vuestros libros. Mientras coso sus hojas imagino gestos y besos. Me transporto al salón de vuestra casa, a una cafetería por la tarde, o a la mañana de chocolate y roscón y,  entonces, me toca sonreír a mí”.

Y de la misma manera que  no hay dos hijos iguales, tampoco hay dos  Nagalaycía idénticos. Cada uno parte de su propia historia y adquiere diferentes texturas, colores, telitas y cintas de la abu.  El resultado son libros cosidos a mano, con hilos de fantasía sobre tapas de  ilusión.

Encuadernaciones insólitas, personales, intransferibles… son ese tipo de regalos que cuando los recibes no puedes dejar de querer comerte a besos al que te lo regala.  No tiene precio.

 “Cuando alguien Te desea lo mejor desde el corazón… se nota. Uno se da cuenta de que en esas palabras, en esas manos, en esos ojos, va el alma. Y esa es mi ESPERANZA, haberlo conseguido”.

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