¿Te atreves a regalar tiempo?

En estos días navideños la tradición nos induce a obsequiar a nuestros seres queridos con regalos. En ocasiones tenemos claro qué regalar: un libro, un perfume, un jersey… otros abogamos por regalos artesanales o incluso hechos a mano por nosotros. Los regalos además llevan implícitos el valor “tiempo” porque ir a comprar un regalo, aunque sea en la tienda del barrio quiere decir que  has dedicado tiempo a esa persona (ni te cuento si lo has hecho a mano)… y eso se valora. Pero ¿ y si regalamos tiempo ?

Tim Kasser, psicólogo, defiende la tesis de que la acumulación material no es una medida fiable del bienestar. Una vez cubiertas las necesidades básicas, la felicidad se ha de buscar en capas más profundas de nuestra realidad. El psicólogo afirma que la afluencia de tiempo, por ejemplo, es un indicador mucho más seguro y consistente.

Tenemos la sensación de ser feliz cuando se dispone del tiempo suficiente para realizar aquellas actividades que consideramos importantes, atractivas y llenas de sentido. Por el contrario, la sensación de no tener tiempo nos hace sentir desgraciados. Seguro que conoces a alguien que ha dejado un buen puesto de trabajo con un buen salario porque “no tenía tiempo”.

La falta de tiempo para “tus cosas” te hace entrar en una espiral peligrosa de cansancio, estrés, inquietud, prisas y escasez. Es cuando empiezas a posponer las cosas para el futuro: Cuando acabe la carrera, cuando los niños crezcan, cuando cancele la hipoteca, cuando deje de fumar, cuando cambie de jefe, cuando me promocione, cuando adelgace, cuando aprende inglés… siempre hay un mañana en el que depositar los sueños frustrados.

Ulla-Carin Lindquist, hasta el año 2003, llevaba una vida trepidante en la que combinaba su excelente trabajo como presentadora en la televisión sueca con una buena vida familiar junto a su marido y sus cuatro hijos. De repente, ese mismo año, a punto de cumplir los cincuenta, le diagnosticaron una enfermedad terminal y todo su mundo se  vino abajo. Le quedaba con suerte, un año de vida.

Durante ese tiempo, a medida que la esclerosis lateral le quitaba gradualmente su voz y su movilidad, Ulla-Carin Lindquist empezó a escribir y a grabar lo que ahora es el libro “A merced de la vida. Mi último año” dónde plasma sus miedos, sus frustraciones, su angustia y sus momentos de alegría inesperada. ¿Te puedes imaginar quién es el protagonista del libro? Por supuesto, el tiempo.

“Deseo compartir el tiempo, que alguien me otorgue su tiempo. Es un regalo tan, tan grande. Compartir es un verbo solidario y generoso que solo pueden conjugar los que son dueños de su tiempo”.

Te imaginas la cara de tu madre  si le regalas una tarjetita que ponga: “Te regalo toda una tarde para ir a casa de la tía Elena”… prometo no meterte prisa para irnos”

O a tu hermana “Te regalo un domingo por la mañana para hablar de tus cosas, prometo no interrumpir ni hablar solo de mi

O a tu abuela “Te regalo un fin de semana en mi casa y te enseñaré por undécima vez el álbum de fotos familiar. Prometo no dejarte todo el finde sentada en el sofá”

O tu compañero de trabajo “Te regalo una tarde de cena y cine sin mirar ni una sola vez el móvil”. ¿Te atreves a regalar tiempo?

regalo

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